Historia y Filosofía de Calvary Chapel

Lo primero que Griffith Thomas explicaba en su libro era el propósito por el cual Juan había escrito esta epístola. En el primer capítulo, Juan dijo: “Estas cosas os escribimos para que vuestro gozo sea cumplido”; en el capítulo 2, dijo: “Hijitos míos, estas cosas os escribo para que no pequéis”, y en capítulo 5 dijo: “Estas cosas os he escrito a vosotros para que sepáis que tenéis vida eterna”. Así pues, les anuncié que íbamos a iniciar el estudio de primera de Juan, y les dije: “Hay tres razones por las cuales Juan escribió esta epístola, para el próximo domingo quiero que me digan cuales so estas tres razones”. Así que cuando les saludé en la entrada al llegar a la iglesia, les dije: “Si les pregunto las tres razones por las cuales Juan escribió esa carta, espero que puedan decírmelas”. Había gente llamándome entre semana diciéndome: “Hemos leído la carta siete veces y sólo encontramos dos razones, ¿Está seguro de que son tres?” Yo les respondí: “Estoy seguro de que son tres, sigan leyendo”. Ese domingo, mi sermón fue sobre el propósito del libro. Contenía tres puntos: Leer este libro hará que su gozo sea cumplido, que tenga la libertad para no pecar y le proporcionará la seguridad de su salvación.

Hay seis lugares en los cuales Juan señala a Cristo como nuestro ejemplo. Así que ese domingo dije a la congregación; “la próxima semana quiero que localicen los seis lugares en que Juan señala a Cristo como nuestro ejemplo, y las palabras clave son: Como él, y tal y como él. Hay seis lugares donde Juan ha señalado a Jesucristo como nuestro ejemplo. Encuéntrenlos”. De nuevo la gente empezó a leer el libro y tuvieron que leerlo ocho, nueve y hasta diez veces, para encontrar esos seis lugares, que son: “Si andamos en luz como él esta en luz, tenemos comunión unos con otros; si decimos que permanecemos en él, debemos andar como él anduvo”. Él es nuestro ejemplo en nuestra vida. Debiéramos andar como él anda, andando en la luz tal y como él es en la luz, nuestro ejemplo en santidad y pureza, pues nosotros nos purificamos, así como él es puro; somos justos como él es justo. Él dijo que debemos amarnos unos a otros, así como él nos ha amado. Y finalmente, como él es, así también nosotros debemos ser en este mundo.

El siguiente sermón fue sobre declaraciones falsas que la gente profesa. Primero Juan enumera siete declaraciones falsas y las palabras clave son: Si decimos, el que dice, o, si alguno dice, “Yo dije a la congregación que encontrasen esas declaraciones falsas”. La congregación, tuvo que leer la epístola otra vez. El siguiente domingo tratamos con la frase: Saber que. ¿Cómo sabemos lo que sabemos? Nuevamente los tenía leyendo la epístola. De esta manera inicié un estudio descriptivo a través de la epístola. Empezando con el primer capítulo, versículo uno, y continuando por toda la primera epístola de Juan. Fue un estudio que duró un año completo.

El hecho interesante fue que en el transcurso de ese año, la iglesia se había duplicado. Yo no había hecho invitaciones para aceptar a Cristo, pero tuvimos más conversiones y bautismos en agua ese año que en los años anteriores. Lo más emocionante era que la gente experimentaba más gozo en su caminar con el Señor, era mayor que el que habían conocido antes. Estaban experimentando verdadero poder sobre el pecado, y estaban seguros de su salvación. ¿Por qué? Porque Isaías dijo: “Porque como desciende de los cielos la lluvia y la nieve, y no vuelve allá, sino que riega la tierra, y la hace germinar y producir, y da semilla al que siembra, y pan al que come, así será mi palabra que sale de mi boca; no volverá a mi vacía, sino que hará lo que yo quiero, y será prosperada en aquello para lo que la envié”. Si Dios hizo que Juan escribiese su primera epístola con el propósito de proporcionarnos gozo, para libertarnos del pecado y darnos la seguridad de nuestra salvación, eso es exactamente lo que va a acontecerle a la gente al enseñarles lo contenido en esa epístola. La palabra de Dios no regresará vacía. Nuestras palabras probablemente sí, pero su Palabra no. Si usted es fiel en enseñar la Palabra de Dios, ésta logrará el propósito para el cual Dios la ha enviado. Es por eso que al leer una epístola, siempre es bueno preguntarse: ¿Cuál es el propósito de esta carta? ¿Por qué razón fue escrita? Descubra el propósito y así se dará cuenta de lo que Dios quiere hacer en su vida y lo que usted puede esperar como resultado del estudio profundo de dicha epístola o evangelio.

En el seminario tuve un profesor que nos dijo que el estudio del libro de Romanos revolucionaría cualquier iglesia. Yo mucho había oído que este libro era magnífico, sin embargo, debo confesar que aunque lo había leído varias veces, no me llamaba mucho la atención. Sin embargo, tenía una gran confianza en ese profesor, y pensé que si eso era verdad, sería muy interesante ser parte de esa revolución. Y así, al finalizar los estudios sobre la primera epístola de Juan, anuncié a la congregación que a partir del siguiente domingo, empezaríamos a estudiar la epístola a los Romanos.

Compré todos los comentarios que pude encontrar sobre el libro de Romanos y empecé a desarrollar estudios similares a los que había llevado a cabo con primera de Juan. Durante dos años dediqué las mañanas del día domingo al estudio del libro de Romanos. De nuevo, la iglesia se duplicó, se convirtió y se bautizó más gente que nunca. Esto era glorioso y emocionante.

Obtuve una copia del libro "Compendio Manual de la Biblia por Halley". Procuré obsequiar una copia de este libro a cada persona que se convertía. Siempre he dicho que el primer libro que un cristiano debe obtener para su biblioteca, después de la Biblia, es este libro de Halley; está repleto de valiosa información, antecedentes culturales. Arqueología e historia. No obstante de ser un libro tan pequeño, contiene y menciona más tesoros y hechos, que cualquier otro libro que conozco. En fin, publicaron otra edición revisada y con una nueva portada con una inscripción que decía: “La página más importante de este libro, es la página 867”. Como yo admiraba mucho al Sr. Halley, inmediatamente me pregunté cuál sería para el Sr. Halley la página más importante de su libro. Debo decir que yo siempre había considerado este libro, en su totalidad, de mucho valor. De modo que pasé a la página 867 (pág. 724 en la versión castellana), y leí: “Cada iglesia debe tener un método sistemático para estimular a la iglesia a que lea la Biblia en su totalidad”. También decía: “Será ideal que el sermón dominical del pastor sea tomado de lo leído en la semana anterior”. Sugería un patrón de lectura, por medio del cual se podría leer la Biblia en el término de un año. Me pareció un poco difícil hacerlo en un año, pero pensé que sería posible leerla en dos años. Después me vino a la mente la idea de poder quedarme en esa iglesia enseñando por el resto de mi vida, si enseñaba la Biblia de principio a fin.

Descubrí que era mucho más fácil preparar mis sermones limitándome a una porción corta de la escritura para la obtención de mi texto, además, la calidad de ellos era muy superior pues podía dedicarme a un estudio mucho más concreto, en lugar de estar buscando de aquí para allá por toda la Biblia para encontrar mi texto. Es muy difícil hacer un estudio realmente valioso cuando se tiene que encontrar el texto de entre toda la Biblia para preparar dicho estudio. Y fue entonces, que tome la sugerencia del Sr. Halley, conduciendo a la congregación directamente hacia el estudio de la Biblia en la totalidad de su contenido, y esa ha sido mi práctica desde entonces.

En este momento, 1991, estamos llevando a cabo un estudio completo de la Biblia por séptima vez, en Calvary Chapel de Costa Mesa, con toda la congregación. He disminuido mi velocidad considerablemente, sólo estoy tomando un par de capítulos por semana, a veces tres pero ya no voy tan de prisa como antes. Esta vez lo estoy disfrutando más que nunca porque estoy progresivamente aprendiendo más ya que dedico más tiempo a una porción más pequeña. La última vez que lo hice disminuí a cinco capítulos por semana, pero a hora lo reduje a dos o a veces tres capítulos por semana. Para cuando termine con el presente estudio de la Biblia, tendremos en nuestro haber un comentario minucioso sobre el contenido total de la Biblia pues he asumido como práctica personal, cada vez que estudio la Biblia, la lectura de un nuevo comentario y en ocasiones dos o tres a la vez. Como resultado he podido leer la gran mayoría de los principales comentarios Bíblicos.

He aprendido una lección valiosa y es la siguiente: “la mejor manera de aprender es enseñando”. Cuando se empieza a enseñar, en verdad se comienza a aprender, porque se tiene que abarcar mucho más material del que se va a impartir. Se tiene que cubrir diez veces más de lo que se va a aplicar, por lo tanto, esta es una muy buena manera de aprender. Empiece a enseñar.

En el libro de Hebreos, capítulo 6, el autor escribe: “Por tanto, dejando ya los rudimentos de la doctrina de Cristo, vamos adelante a la perfección; no echando otra vez el fundamento del arrepentimiento de obras muertas, de la fe en Dios, de la doctrina de bautismos, de la imposición de manos, de la resurrección de los muertos y del juicio eterno”.

Habiendo tenido la oportunidad de ver hacia atrás y meditar sobre mi ministerio, los diecisiete años de lucha en comparación con estos últimos veintitrés en los que ha habido un avance sin dificultad, el pensar en los años difíciles en los que estaba esforzándome por ser un evangelista, predicando sermones sobre temas particulares, pude ver que hubo una transición marcada. De hecho, en el décimo cuarto año de mi ministerio, empecé a enseñar y a sentirme cómodo al hacerlo. Yo no sé si el estudio de la epístola a los Romanos revolucionó a la iglesia, pero si sé que revolucionó mi vida. Nunca volví a ser el mismo de antes después de haberla enseñado. Inicié una nueva relación con el Señor. Revolucionó toda mi experiencia espiritual. Dios me cambió totalmente. También me di cuenta de una verdad importante por medio del libro de Romanos, que cuando la gente se fortaleció y maduró en la palabra de Dios, empezaron a ser testigos más eficaces para Cristo Jesús. Cristo, pasó a ser el centro de sus vidas. Ya no teníamos necesidad de programar noches para ir a visitar gente. Tampoco teníamos que organizar ocasiones en las que iríamos a testificar. El testificar pasó a ser una función muy natural, algo automático. El testificar, no es algo que se hace, es algo que se es. Cuando nuestra vida es madura en Cristo, la madurez espiritual de nuestro caminar testifica a los demás.

Cuando yo estaba esforzándome por ser evangelista, descubrí que la cosa más frustrante de todo el mundo era que El Señor pusiera un sermón evangelístico y dinámico en mi corazón y que luego no hubiera pecadores presentes en la iglesia a quienes predicárselo. Algunos de los sermones que El Señor me daba, me causaban mucha emoción. Eran excelentes sermones evangelísticos, es decir, tan poderosos en su lógica, que ningún pecador podría escucharlos sin aceptar a Jesús. Me iba a la iglesia y mi corazón se derramaba dentro de mí con este mensaje dinámico que el Señor me había dado. Difícilmente podía esperar a que llegara el momento de impartirlo. Con ansiedad esperaba el momento en que haría la invitación, para así ver, arrodillados al frente, a los pecadores que estuviesen presentes en la iglesia. Estaba seguro de que eso ocurriría, sin embargo, con frecuencia mientras ardía esta clase de sermón en mi corazón, venía a la iglesia y al sentarme en el lugar que me correspondía, al estarse cantando los coros, miraba hacia la congregación y descubría que yo conocía a todas y cada una de las personas presentes por su nombre. ¡No había ni un solo pecador en el edificio! Imagínese usted lo frustrante que es tener un gran sermón evangelístico y darse cuenta que no hay en la audiencia pecadores para escucharlo. Con frecuencia me enojaba y le añadía algunos puntos a mi sermón: “Ustedes son un fracaso como cristianos. Dios está enojado porque no testifican para Él. De haberlo hecho, habrían traído a sus amigos inconversos a que oyeran la palabra de Dios”.

Reprendía a la iglesia porque estaba enojado por el hecho de que no hubiera pecadores presentes en ese lugar. ¡Esos benditos y amados santos! Mis palabras eran como un látigo que golpeaba sus espaldas, y ellos solamente se hundían en sus asientos al caer sobre ellos la pesada condena. En lugar de hacer la invitación para que alguien aceptara a Cristo, les invitaba a pasar al frente para consagrar sus vidas al Señor y ser la clase de testigos que el Señor quería que fuesen. Yo tenía la creencia de que si no se lograba que alguien pasase al frente, el sermón era un fracaso.