Historia y Filosofía de Calvary Chapel

No se dan cuenta que la clave es que el Espíritu Santo obra a través de la Palabra de Dios en las vidas de los creyentes y por lo tanto, no se conforman a seguir la forma de la iglesia tradicional. La gente no se siente amenazada, saben que nadie los va a obligar, dándoles un libro de escuela Dominical diciendo: “¡Gracias a Dios, hermano! Ha venido tres domingos y necesitamos que dé clases en la escuela Dominical”. El servicio a Dios debe ser espontáneo y sin presiones. Así sucede cuando se le corresponde a Dios de corazón.

La filosofía de Calvary Chapel es dar y ministrar, en lugar de tomar y recibir ministerio. Hay muchos ministerios que existen para que se les ministre. Constantemente nos hacen saber sus necesidades: “Necesitamos su apoyo para que este ministerio continúe. Este ministerio depende de usted”. Yo pienso que cualquier ministerio que depende del hombre para su existencia y operación, debería morir; y lo mejor que podemos hacer es dejar que muera. Calvary Chapel existe para ministrar y nuestro énfasis está en el dar: Dar y ministrar a la gente.

Mi esposa y yo, nos hicimos muy amigos de un hombre muy rico que asistía a Calvary Chapel con regularidad. Él era vicepresidente de una compañía que fabrica herramientas en Texas y además tenía negocios en la industria petrolera. Llegamos a conocerlo muy bien. Cada vez que asistía al servicio le decía a su esposa, “verás que nos van a pedir dinero”. Con incomodidad esperaba el momento en que nosotros le pidiéramos dinero.

El domingo anterior al Día de Gracias, anuncié que teníamos muchas razones por las cuales estar agradecidos a Dios y compartir el hecho de que Dios había sido tan bueno con nosotros ese año. Además dije: “Sin embargo, hay algunas personas entre nosotros que están pasando por dificultades y no tienen muchas razones por las cuales estar agradecidos”. Cuando yo empecé a hablar de los problemas que algunos tenían y de la situación económica difícil por la que estaban pasando, este hombre le dio un codazo a su esposa y le dijo, “¡Por fin! Sabía que tenían que tirar el anzuelo en algún momento”. Sin embargo, concluí de una manera que él no se esperaba. Dije: “Entonces, si usted tiene necesidades este Día de Gracias y está pasando por problemas económicos, vea a nuestro pastor asistente después del servicio y la iglesia con gusto le dará un pavo y todo lo que necesite para la cena de acción de gracias. Sólo le rogamos a Dios que pasen un Día de Gracias muy feliz”.

El hombre no podía dar crédito a lo que oía. Nosotros sólo habíamos proseguido de acuerdo a la verdad contenida en las Escrituras; cuando Jesús dijo: “Es mejor dar que recibir”. Esa es nuestra filosofía: dar a la gente la Palabra de Dios gratuitamente y dándonos nosotros mismos con liberalidad, sirviendo a la gente. Caminar la segunda milla.

De esa misma manera, el ministro debe ministrar en vez de ser servido. En algún punto de la trayectoria ha habido un intercambio de terminologías e ideas en el ministerio. La palabra ministro realmente significa “sirviente”, Josué era ministro de Moisés, es decir, ministraba las necesidades de Moisés. El era su mandadero. Este es el significado de la palabra “ministro”, sin embargo, no deja de sorprenderme cuánto se molestan algunos ministros cuando alguien les pide ministrar a las necesidades de la congregación. “¿Puedes creerlo? Me llamó para pedirme que lo llevara a tal parte. ¿Qué, no sabe que yo soy el ‘ministro’ aquí?” Si usted es el ministro, el llamarle a usted para que lo llevara, era lo correcto. Jesús dijo, “El que sea el principal entre ustedes, sea servidor de todos”. El ministro es un sirviente. Recuerde que fue Jesús quien tomó la toalla y comenzó a lavar los pies de sus discípulos. Ese era el trabajo del sirviente, no del maestro. Los pies siempre estaban sucios debido a los caminos polvorientos y el uso de sandalias. En aquel tiempo, cuando alguien entraba en la casa, el más inferior de los sirvientes, tenía la obligación de venir, quitarle las sandalias al visitante en la puerta y lavarle los pies en un plato hondo con agua. Ese es el papel que Jesús eligió y nos ilustró con su ejemplo en la Última Cena. Jesús dijo a sus discípulos: “¿Veis lo que he hecho con vosotros? Si yo, siendo el Señor he lavado vuestros pies, asimismo vosotros debéis lavaros los pies los unos a los otros”. En otras palabras, la idea es que debemos ser siervos y debemos pensar que el ministerio es un servicio.

El libro "El estilo de Jesús", escrito por Gayle Erwin, puede informarle respecto al verdadero servicio Cristiano y lo que debiera ser el ministerio. Toda la iglesia, empezando por el pastor, está aquí para ministrar las necesidades de otros. No estamos aquí para ser servidos. No buscamos que la gente nos sirva, sino que buscamos maneras en que podamos servirles a ellos.

La filosofía de Calvary Chapel es ver el cuerpo completo de Cristo. Nuestra iglesia abarca una pequeña área del espectro. El área que Dios ha llamado a llenar y queremos ser fieles a ese llamado. Nos esforzamos por ver a la iglesia como el cuerpo completo de Cristo, siendo el propósito de todo el cuerpo, tener una relación personal con Jesucristo. Por lo tanto, si hay algún lugar en el que pudiera haber conflicto con otros en el cuerpo de Cristo es precisamente en este punto, donde no estén guiando a la gente hacia una relación personal con Jesucristo. Esto puede parecerles raro a algunas personas, pero desafortunadamente hay iglesias que han llegado al punto que ya no están llevando a la gente hacia una relación personal con Cristo.

Las iglesias que nos dedicamos a traer a la gente a los pies de Jesucristo, no debemos pelear entre nosotros. Ese no es nuestro propósito, más bien debemos pelear contra el diablo y proclamar a Jesucristo. Jesús les dijo a sus discípulos: “Recibirán poder cuando el Espíritu descienda sobre ustedes y me serán testigos en Jerusalén, Judea y en Samaria, hasta las partes más remotas de la tierra”. El testimonio acerca de Jesús debía comenzar en Jerusalén, el cual fue muy efectivo. Pocos meses después del nacimiento de la iglesia, los discípulos fueron llevados a la corte y los cargos contra ellos fueron: “Han llenado la ciudad con la doctrina de este hombre, Jesús”. Esa fue una iglesia exitosa. Ojalá Dios quisiera que fuésemos llevados a la corte y los cargos en nuestra contra fueran que hemos invadido la ciudad con la doctrina de Jesucristo.

La persecución había dispersado a la iglesia de Jesucristo por toda Judea, y dondequiera que iban predicaban a Cristo. Leemos que Felipe fue a Samaria anunciando el Evangelio de Jesucristo a los samaritanos, se nos dice que muchos de ellos creyeron y fueron bautizados cuando vieron los milagros que Felipe hacía. Luego leemos que el espíritu Santo dijo:“Aparten a Pablo y Bernabé para el ministerio al que los he llamado”. Y ellos ayunaron y oraron poniendo sus manos sobre ellos y así Pablo y Bernabé salieron hacia la isla de Chipre. Más tarde Pablo llevó el evangelio a Asia Menor, Roma, Grecia y Macedonia. Tomás llevó el evangelio a la India. Tan sólo treinta años después del nacimiento de la iglesia, Pablo le escribió a la iglesia de los Colosenses diciendo: “La palabra del evangelio les ha llegado a ustedes como a todo el mundo”. En sólo treinta años los discípulos habían propagado el mensaje por todo el mundo.

En 1965 iniciamos Calvary Chapel con sólo veinticinco personas y yo me propuse hacer de esas veinticinco personas, la gente mejor preparada en lo que se refiere a la Palabra de Dios. Empecé dándoles clases cinco noches por semana: dos noches en la iglesia, tres noches en los estudios Bíblicos en los hogares. Una noche por semana, los sábados en la noche, tenía reunión de oración con los hombres. Tomamos como guía Hechos, capítulo 2: “Continuaban unánimes en la doctrina de los apóstoles, en hermandad partiendo el pan, y en oración”. Así pues, decidimos que estos serían los elementos esenciales de nuestra alabanza y compañerismo. El énfasis se pondría en la enseñanza de La Palabra, la doctrina de los apóstoles. Impartiríamos la doctrina sólida contenida en la Escritura. Les instruiríamos acerca de Dios. Les enseñaríamos sobre Jesucristo, el Espíritu Santo, el hombre y el pecado. Les enseñaríamos lo que es la salvación y sobre la segunda venida de Cristo. Doctrina sólida. La doctrina de los apóstoles.

Empezamos a desarrollar el compañerismo, “Koinonía”, por medio del cual nos convertimos en una unidad integrada y comenzamos a servirnos los unos a los otros, tanto en el sentido físico como espiritual. Orando unos por otros, uniendo nuestras vidas en oración y ayudándonos unos a otros en el sentido físico. Si alguno del grupo tenía alguna necesidad, todos juntos acudíamos a ayudarle, creando un compañerismo fuerte. También al reunirnos en los estudios Bíblicos partíamos el pan.

En el libro de los Hechos de los Apóstoles, se nos dice que haciendo estas cosas se añadían diariamente a la iglesia los que habrían de ser salvos. Al empezar a enseñar a la gente, la congregación empezó a unirse. Existía unidad, compartiendo en oración en amor y apoyo. Al empezar a partir el pan juntos, a alabar al Señor juntos, recordando a Jesús quien murió por nosotros y al empezar a orar juntos, el grupo empezó a crecer. Mi esposa dirigía una reunión de oración para mujeres en la comunidad durante la semana y yo una para los hombres los sábados por la noche. También teníamos un grupo de hombres designados como ancianos, para visitar a los enfermos y orar por ellos. Al llevar a cabo fielmente estas cosas, nos encontramos con que el Señor, empezó a añadir diariamente a la iglesia a aquellos que habían de ser salvos.

En seis meses aumentamos a cincuenta personas, al año teníamos cien. A los dieciocho meses ya estabamos buscando otro edificio, porque nuestra pequeña iglesia estaba saturada. Se nos había prometido un local; una iglesia Luterana cuya congregación estaba construyendo un nuevo edificio, pero se retrasaron sus planes. Por lo tanto empezamos a reunirnos en ese lugar los domingos por la tarde, esperando pacientemente a que llegara el momento en que esa iglesia pudiera ser nuestra. Esperamos durante dos años y el crecimiento de la congregación continuaba, al grado de llenar también la iglesia Luterana. Así que para cuando pudimos cambiarnos a la iglesia Luterana ya éramos demasiados como para caber en ella. En lugar de comprar aquella iglesia construimos nuestro propio edificio y permanecimos en él durante dos años, hasta que por estar tan amontonados tuvimos que mudarnos a una carpa.